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Tu salud en el móvil


El teléfono móvil se ha convertido en los últimos tiempos en una herramienta potentísima para, si no mejorar, al menos sí velar por nuestra salud.

phone_healthSi le preguntan a Dan Woolley si las aplicaciones de móvil de contenido médico son útiles y fiables su respuesta inequívoca será sí. Cuando quedó atrapado bajo los escombros del terremoto de Haití de 2010 la aplicación de primeros auxilios que llevaba en su iPhone le sirvió para tratar sus heridas durante las 65 horas que tardaron en rescatarle. Juan Carlos González y Josep Martínez, impulsores de Ablah y Baluh, respectivamente -dos aplicaciones que permiten comunicarse mediante pictogramas a personas con problemas para hablar-, seguro que también tienen clara la utilidad de unas herramientas que les facilitan la comunicación con sus hijos autistas.

Otro indicador de que algo deben aportar este tipo de apps es que en Estados Unidos el 62% de los médicos y el 71% de las enfermeras declaran utilizar tabletas o móviles para su trabajo. “Hay aplicaciones muy serias para averiguar síntomas, calcular dosis de medicamentos, saber cuándo hay que acudir al médico, hacer telemedicina, que el paciente recuerde cuándo ha de tomar una pastilla…”, asegura Santiago García-Tornel, pediatra del hospital Sant Joan de Déu y uno de los desarrolladores de iPediatric, un consultorio pediátrico para iPhone que ayuda a identificar los signos y síntomas de alarma en un bebé. El problema, reconoce García-Tornel, es que hay decenas de miles de aplicaciones en el mercado, nadie controla su calidad y no todas son buenas.

Las hay con finalidades tan genéricas como que el médico pueda mostrar imágenes y esquemas del cuerpo para explicar al paciente qué le ocurre o en qué consistirá una intervención -Visible Body es un ejemplo-, o que puedas superar las barreras lingüísticas si enfermas durante un viaje al extranjero. Pero otras son específicas para personas con problemas dermatológicos, para diabéticos, celíacos, daltónicos, hipertensos, alérgicos al polen, embarazadas… Por no hablar del sinfín de apps destinadas a registrar la actividad física, la dieta o los cigarrillos consumidos por el usuario para incentivar unos hábitos de vida más saludables.

Luis Fernández-Luque, investigador en Norut (Tromso, Noruega) y cofundador de Salumedia.com que trabaja en el ámbito de eSalud desde 2004, enfatiza que hay muchas aplicaciones pero pocos estudios serios y rigurosos sobre ellas. En una investigación realizada en 2011, el equipo de Fernández-Luque encontró que sólo en el ámbito de la diabetes había 137 aplicaciones, dirigidas básicamente a medir los niveles de glucosa y a hacer un seguimiento de la dieta y del peso, pero que aportaban poca educación sobre la diabetes y no daban opciones de que el usuario entrara en contacto con otros diabéticos, que son dos aspectos considerados importantes para seguir el tratamiento.

Con todo, las apps tienen éxito (según un estudio de Google de mayo pasado, cada persona lleva una media de 19 aplicaciones en su teléfono y utiliza unas ocho semanalmente) y las relacionadas con la salud más:

se calcula que entre 2010 y 2012 se crearon más de 6.000 y que en dos años habrá más de 500 millones de personas utilizando apps médicas desde el móvil, y las consultoras dicen que es el ámbito por el que hay más gente dispuesta a pagar.

“Todo este auge viene originado porque cada vez más gente tiene teléfonos inteligentes y es una de las tres cosas sin las que nunca sales de casa (las otras son la cartera y las llaves), de modo que siempre va contigo y eso, en determinadas enfermedades crónicas o estrategias de prevención, resulta muy útil porque permite incorporar datos en cualquier momento y lugar, tener toda la información centralizada al alcance de la mano, poder mostrarla a otros, o incluso incorporar juegos o animaciones que incentiven o desincentiven ciertos comportamientos”, explica el director del área eSalud y hospital 2.0 de Sant Joan de Déu, Jorge Fernández, que opina que los enfermos han de irse acostumbrando a que el médico, además de medicamentos, les prescriba apps, igual que algunos recomiendan webs.

Joan Guanyabens, consultor especializado en eSalud de PwC, cree que la ventaja de las aplicaciones de móvil es la personalización, la capacidad de llegar a cada uno en el momento en que lo necesita. “Es una revolución, el sistema sanitario se va a transformar hacia una medicina personalizada porque las capacidades del móvil permiten hacer cosas diferentes, más prácticas y que el paciente tome el control de su salud”, indica.

Realmente son muchas las expectativas -tanto de negocio como de beneficios para el usuario- puestas en las aplicaciones relacionadas con la salud. Manuel Serrano, médico, presidente de la Fundación Educación, Salud y Sociedad y director del programa Paciente Experto, cree que facilitan que la persona maneje su propia salud en aspectos fundamentales como la alimentación, el estado de ánimo o el ejercicio, y que pueden resultar muy útiles para enfermedades en las que hay que seguir los síntomas que percibe el paciente (dolor, estado de ánimo, etcétera) o determinados niveles (glucosa, temperatura, presión arterial…) de forma periódica, además de favorecer la comunicación entre pacientes en grupos supervisados por profesionales sanitarios.

Marc de San Pedro, técnico en innovación y comunicación de la fundación TicSalut, cree que la utilidad delphone_health1 móvil para la salud será mayor si el usuario puede vincular las apps con su historial médico y compartir información con sus doctores. “Si los registros personales que el paciente lleva en su móvil están conectados con los datos del médico la vinculación y la utilización aumentarán, y en ello estamos trabajando, aunque no es fácil porque los datos relacionados con la salud están muy protegidos y hay que asegurar que cualquier aplicación que pueda acceder a ellos garantice la identificación segura del paciente”, comenta. La seguridad, tanto referida a los datos del paciente como a la información que proporciona la aplicación, resulta clave.

Jaume Raventós, director de iHealth Telefónica España, asegura que uno de los problemas de la actual avalancha de aplicaciones dirigidas a los pacientes es la falta de credibilidad o claridad sobre qué o quién hay detrás de ellas.

Cada vez son más las voces que piden que las aplicaciones médicas pasen controles de calidad y alguien certifique la veracidad de la información que proporcionan. Todos los expertos consultados subrayan que esta misma necesidad se planteó hace algunos años cuando proliferaron las páginas de internet relacionadas con la salud y hoy ya existen sistemas de certificación de las mismas, como el ­sello de web médica acreditada que otorga el Collegi Oficial de Metges de Barcelona. De hecho, hay quien propone que se empleen esos mismos sellos de certificación para las apps.

Luis Fernández-Luque opina que las aplicaciones que son dispositivos médicos deberían cumplir los mismos requisitos de certificación que exige la Unión Europea para el resto de aparatos médicos, algo que ahora cumplen muy pocas. La dificultad estriba en discriminar qué apps requieren pasar por todos esos trámites y controles y cuáles no, porque los propios médicos distinguen entre las que divulgan hábitos de vida saludable de las propiamente sanitarias, entre las que son útiles para seguir una dieta o dejar de fumar y las vinculadas a enfermedades crónicas, el autodiagnóstico o la medicación.

Hoy por hoy la única manera que tiene un usuario de valorar la fiabilidad de una aplicación es tratar de averiguar quién la ha desarrollado -algunas, como iPediatric, han sido creadas por médicos y otras por hospitales de reconocido prestigio-, comprobar si las avala alguna asociación de afectados por la dolencia en cuestión, aceptar las sugerencias de su médico o valorar el volumen de descargas y los comentarios de otros usuarios.

La Comisión Europea elaboró el año pasado un directorio con un centenar de aplicaciones de salud valoradas por usuarios o asociaciones de pacientes, que figuran agrupadas por especialidades y por idioma, además del listado alfabético. Y Telefónica trabaja en estos momentos en la selección de las apps que avalará incluyéndolas en el nuevo apartado de salud de que dispondrá en breve su aplicateca. “Estamos valorando los contenidos y profesionales que están detrás de las apps para incluirlas en nuestro directorio, pero el problema que nos encontramos es que hay un bajo seguimiento profesional de estas herramientas”, comenta Raventós.

El reto, en su opinión, está en lograr que se conozcan y se utilicen y que los propios profesionales médicos sigan de cerca estas aplicaciones y las valoren. Guanyabens, de PwC, cree que para ello es necesario que se avance en una cierta homologación y estandarización y, sobre todo, modificar el criterio sobre la propiedad de la información médica: “La información médica es propiedad del ciudadano, del paciente, y hay que darle acceso a su carpeta personal de salud, unos datos que hasta ahora sólo controla el médico o el hospital que custodia el historial y, en muchas aplicaciones en las que se registran datos de glucosa o de otras variables, la empresa que la ha desarrollado”. Cita como ejemplo la mayoría de apps para recoger los datos de los diabéticos, que han sido creadas por compañías farmacéuticas y van vinculadas al consumo de determinada insulina, de forma que si el enfermo cambia de medicación ha de cambiar de app y pierde la información anterior.

Jorge Fernández, de Sant Joan de Déu, opina que, a pesar de todas estas carencias, ya hay muchas apps interesantes y avaladas por médicos, instituciones de referencia o pacientes que pueden facilitar la vida tanto a quien busca información útil sobre alguna dolencia como a quien requiere seguir día a día su enfermedad o recordar la ingesta de medicamentos. Los ámbitos con mayor potencial para las apps son, según el director de iHealth de Telefónica, las enfermedades de mayor prevalencia, como la diabetes, las cardiopatías, las enfermedades neurológicas y las vinculadas al envejecimiento, que son las que afectan a más personas. No obstante, las que por ahora se han difundido más son las relacionadas con la prevención, como las dirigidas a hacer ejercicio, a seguir una dieta o un embarazo y las vinculadas a la diabetes, que afecta a personas de todas las edades (incluidos jóvenes muy acostumbrados a la tecnología) y obliga a llevar un estricto y continuado registro de datos.

El responsable de eSalud de Sant Joan de Déu cree que en el futuro las aplicaciones que triunfarán serán las que vayan vinculadas a sensores de temperatura, movimiento, latidos, etcétera, y permitan capturar y emitir datos de forma automática. De San Pedro, de TicSalut, asegura que la designación de Barcelona como capital mundial del móvil ha incentivado los trabajos en este ámbito, con proyectos para desarrollar apps para patologías del corazón, otras relacionadas con las vacunas y, sobre todo, iniciativas para conectar la información del móvil con el historial oficial de salud de los pacientes.

Fuente: lavanguardia.com

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